
CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO
Se cansó de los baldes
con agua sucia
y de las escobas
sin licencia para volar.
Se cansó de que los ángeles
nunca se dieran una vueltita
por el mercado
y de los tres niñitos rubios
que se cuelgan de sus polleras.
Se cansó de administrar el templo
donde su tiempo y su poesía
se venden por tres monedas escuálidas.
Se cansó de la postergación de la primavera:
bien entrado noviembre
en la geometría agónica de su cama
sigue nevando.
Él le reprocha, a veces,
su monotemático olor a tabaco.
Ella no duerme.
Se cansó.
No quiere jabón en polvo,
ni bicicletas,
ni recetas de tartas indigestas,
ni arbolitos navideños.
Y eso es lo que le dan.
Apoya el cañón en su sien.
Cuenta hasta diez.
La totalidad del cuerpo
se estremece.
Una mosca la distrae.
Al salir, ni siquiera cierra la puerta.
Eso sí:
deja la mesa tendida
y un pollo cocido en el horno.


