Alguien me avisó
(me dijo)
que los atajos perduraban, ilesos,
y los árboles resistían
con la memoria justa
de la savia
invariablemente alerta.
Ensarté
(hilvané)
algunas palabras
en el brocal de mi piel
-cantadas-
y me detuve
a rehacer la risa
-la risa que puede ser flor
o martillo,
epifanía o lámpara votiva-.
Para saber que podía.
Para saber que las buenas rachas
empiezan,
siempre,
aunque sea de noche
y afuera llueva tanto.
Viví
(alguna vez)
vadeando el pantano del otoño,
encastrada
en las ancas de un animal tibio
que renegaba
de los pequeños papeles perdidos
-los que anotan/ denotan
las coordenadas de ese cuerpo -.
Viví
(alguna vez)
al pie de la inocencia
-vestida de blanco
y desatando
los nudos de las bocas de unos pocos amantes-.
Vuelvo
(alguna vez)
si puedo.
Obra Pictórica: Nereida González Aguiar
http://www.artelista.com/autor/4811636334050575-gonzalezaguiar.html



