Hoy les dejo una carta. El autor (que no era poeta, era peluquero, y tenía las manos más hermosas del mundo) tenía 21 años y falleció en un accidente de tránsito cinco meses después de haberla escrito. Fue mi primer novio y el primer gran amor de mi vida. ¿"El gran amor de mi vida", como me sugirió una vez otro de los hombres que amé? No lo sé, lo único que sé es que, como a todos aquellos que tuvieron la fortuna y la desgracia de amarme, le hice conocer el cielo y el infierno. La verdad, y como diría Sabina, nunca fui la amante ideal.
También yo le cercené el pecho con un abrelatas a mucha gente que quise, pero en este caso no tuve la posibilidad de restañar las heridas que provoqué con mi inseguridad y mi egoismo. La Muerte decidió que la historia fuera otra.
Siempre -y a pesar de todo- fui una chica de suerte. La más linda del amor, la más desnuda del bosque, la más querida.
Dedico esta nueva "licencia no poética" a Víctor, por supuesto, siempre vivo en mi corazón que atrasa cuatrocientos años, y a Ana, que tiene la fortuna y la desgracia de estar enamorada de un poeta.
22-08-91
Este cuaderno lo había comprado para ir a Bariloche y escribirte acá, pero me lo olvidé y compré el otro allá.
Anoche me puse a escribir en la agenda y, como tantas veces cuando salíamos, me quedé dormido con la agenda en la cara.
Cuando me dijiste que te querías casar se me enfrió el alma, me super-emocioné, porque lo que más siempre soñé en la vida fue poderte ver crecer esa panza y estar en el momento en que tu cuerpo se abra y aparezca una cabecita toda manchada de tu amor y mi amor. Vos ponés en duda que me quiero casar porque mis caras no lo demuestran, pero no es así, y cada vez que lo pienso sueño, sueño y sueño. Porque por vos siento y respiro y no paro de pensar en todos los momentos buenos y hermosos.
Ahora vos no me vas a ver como el mismo tipo de antes del cual te sentías orgullosa, porque estuve mal y me creía que mi mundo era otro, pero no; cuando me pediste que cambie lo pensé, porque fue la primera vez que me hiciste sentir que yo no quería lastimarte y ahí me puse a tratar de ser el mismo tipo bueno y dulce para vos. Me tuve que comer el garrón y sufrir y pegarme la cabeza contra la pared, pero me salió bien y me alegro todo el día porque por vos me hice un bien a mí y me siento contento por estar sano y me siento inmensamente feliz de amarte tanto.
Lo que nunca te dije es que yo cuando empecé con todo eso pensaba de qué me había servido ser tan bueno y demostrarte tanto mi afecto si vos siempre dudabas de mí, entonces me hice mierda y también lloré, como vos, pero no se lo dije a nadie y me hice mierda, pero con el tiempo me hiciste dar cuenta de que cuando no me tuviste te diste cuenta de que mi vida giraba en torno a vos y fuiste lo único que siempre tuve en la cabeza.
Ahora me siento dolido y me la paso culpándome, pero me di cuenta de que el cambiar y el poderte decir "Te amo" me gratifica, y el recordar como me compuse también fue amarte, porque siempre lloraba con una foto o con un recuerdo o me golpeaba la cabeza o las manos, que sabés que es la parte de mi cuerpo que más cuido, y decía "la quiero".
Soñar con casarme y con hijitos vale más que todas las glorias del mundo. Siempre soñé con estar a tu lado, y acá me tenés, bueno, tierno y dulce. Si, como me decías y me escribías siempre, era lo que más querías un Víctor así, me tenés enteramente tuyo y de nadie más, dispuesto a dar todo mi corazón si lo querés y lo necesitás. Dispuesto a renunciar a mi alma solamente por todo el amor que me gritaste, sin querer enojarme más, sin querer lastimarte más, solamente amándote y desviviéndome por vos, para que me cuides como sólo vos sabés hacerlo.
Una vez, hace como un año, hablaba con un amigo que conozco de muy chiquito y quiero mucho. Por quererlo me animé a profanar nuestra historia y le conté todo lo nuestro, las alegrías, las caricias, los besos, las noches compartidas, nuestros veranos, el juego celeste con paragüitas, las rosas de los días 7, todo nuestro amor, los malos momentos, y, entre risas y llanto, él me dijo: "Víctor, del único lugar del que nunca vamos a poder volver es de la muerte, porque todavía no sabemos si hay un más allá, pero, mientras estemos acá, podemos demostrar todo el amor que tenemos adentro. Y si querés tanto a alguien, calmate y decíselo. Y si te pega tanto tener un hijo con esa persona, yo te voy a ayudar." Y sacó una billetera del bolsillo y me dio un dólar. Y me dijo: "Con esto van a empezar a juntar para una cuna y algo para abrigarlo. Lo único que te pido -dijo también- es que se amen como siempre para enseñarle a sus hijos que la vida con amor y paz es lo que más onda tiene".
Nunca me pude olvidar de esa noche y guardé el dólar en mi billetera para dártelo el día en que juntos soñemos otra vez en ser los más felices del mundo. El dólar te lo doy para que empecemos a cuidar lo que va a ser nuestro y para nuestros hijitos.
Ahora soy el mismo. Hacéme sentir que lo soy, que vale la pena ser así, que juntos podemos hacer abrir el universo y hacer una historia totalmente diferente a todas las demás.
Te amo.
Víctor
Todavía conservo el dólar. Y todo el amor. Y rescato las palabras, casi premonitorias, de Víctor: "...del único lugar del que nunca vamos a poder volver es de la muerte...".
Así que si aman a alguien, vayan y díganselo.








