HISTORIAS DE EX-AMANTES






HISTORIAS DE EX-AMANTES



I


Bajo sospecha, mis gestos. Geométricos gestos se arriman a un fuego que no les pertenece. Cruzo los dedos del alba cuando el cuerpo apetecido se detiene al borde del sueño. Pero él no me mira. Ni siquiera me recuerda.
El alba tiene, ahora, las manos abiertas. Los gestos –los geométricos gestos- también están abiertos. Y duelen.



II


Un minuto de silencio. Un minuto de silencio cada día, mientras le lavo los dientes a la cordura. Por los amores muertos. Por la mañana que se despereza –angosta, rigurosa- al borde de la trampa cotidiana de ser y parecer otra.


III


El que estuvo –el que se detuvo en mi útero cantado y lo hizo noche a golpes de guitarra- sigue cavando en mi cuerpo desde su trova y su huida. Su piel regresa algunas veces, pero la barro debajo de la alfombra. Soy la perfecta casada y no tengo tiempo para ocuparme del retorno de una mariposa incomprensible.



IV


La culpa la tuvo el verano. La culpa la tuvo el pulmón rosado que había olvidado el idioma del aire. La culpa la tuvieron mis uñas de gatita hambrienta arañando los pantalones de un amo desconsiderado que llevaba siglos muerto. La culpa la tuvo su estúpida manía de adivinar la intención de la luz. Podría insultarlo, pero le escribo un poema. Un poema daña más.


V


Cortada en dos bosquejo el impensado diseño del recuerdo. Al norte de mi ombligo, la cabeza y el corazón, que no saben; al sur - intenso, como el cadáver de un pájaro- un sexo indecoroso, que sí sabe. La felicidad -esa dama idiota que brinda cuando el almanaque se desguaza y jamás hace preguntas incómodas- se prodiga siempre a los ignorantes.



VI


Hubo en mi entrega un rebaño de palabras. Blanco sobre blanco. El lujo de saberme nueva en la burbuja del delirio: un lunar de estreno, un muslo que nunca había transgredido la mirada de lo cotidiano. El rebaño, esquilado, es hoy un paisaje lunar, la anatomía perfecta del vacío. No me estreno más. Me desnudo lo estrictamente necesario.



VII


Y este esqueleto –compañero tácito de lances y reveses- quiere saber. Quiere saber a dónde irá a reclamar un mejor trato, cuando la carne sobre y sangrar deje de ser una excusa. A su casa, no. A su casa, nunca.



VIII

La mano del que estuvo -el que me alargó la sombra hasta hacerla infinita- tremola, algunas veces, en la aldaba que custodia mis cicatrices. Nunca me dio de comer, pero le muerdo la mano. Con dientes de niebla. Con dientes de reproche.



IX

Adentro duerme el llanto. Adentro duerme la lluvia. Sin canciones para ablandar el miedo. Pero con la lámpara encendida.




X

Tiendo la mesa, tarareando, una canción antigua. El mantel me miente y se pronuncia como una sábana palpitante. Pero no espero encontrarlo en el revés de ese lienzo fingido. Un plato azul sacude cualquier atisbo de duda.
Tiendo la mesa para los que amo. Todo lo demás es pasado.





Obra Pictórica: Luis Serrano

http://www.luisserrano.com/

ESTÚPIDAMENTE ENERO



ESTÚPIDAMENTE ENERO




Qué estupidez el verano.

Qué enorme estupidez el verano.

Adolescentes que se estiran en la arena

(ondulan como serpentinas

apadrinadas por el fuego)

y exudan promesas.

Ellas son mapas,

sus piernas largas son autopistas de sal

que no retroceden

ante el gesto húmedo del deseo,

cintas de asfalto donde viajar es casi dulce.

Mi examen recorre

cada ángulo de carne dorada

que le retacea su inmensidad al mar

y me pregunto cuántas olas hicieron falta

para que el silencio pidiera la palabra.




Qué estupidez el verano.

Qué enorme estupidez el verano.

El circuito sexual no termina,

pero yo opto por la lejanía.

La lejanía es un buen recurso

cuando no se tienen piernas largas

y lo real no es una cintura que coagula

todas las miradas del hambre:

lo real es este oficio de dolerme

y dolerte,

de maldecir la frágil estructura del viento,

de amontonar cáscaras de manzana y yerba usada

y gritarle a ese hijo,

absurdamente adolescente,

que no se aleje demasiado

(que no se acerque demasiado

a las serpentinas/ mapas/ autopistas/ piernas).




Qué estupidez el verano.

Qué enorme estupidez el verano.

Pienso en el poema de Wallace Stevens*,

(la muerte y el sexo se exigen mutuamente)

e imagino que se acabaron los helados

y que los muchachos traen flores

envueltas en periódicos atrasados.




Sé que esta vez

las flores son para mí.

Blanca y fría, a pesar del sol del mediodía.

Muerta para enero.

Sepultada

debajo de una sombrilla idiota.








*"The Emperor of Ice-Cream"




Obra Pictórica: Javier Oña

http://onart.artelista.com/

CHAU, DOCTOR


CHAU, DOCTOR


A Dante



"Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo"
Alejandra Pizarnik




En mi mundo,

siempre patas para arriba,

el pájaro se ha vuelto jaula.

Yo no tengo el poema;

yo tengo una ola gris que me transcurre

como la cabellera de una muchacha ahogada

(“esa” muchacha ahogada,

“la” muchacha ahogada,

“yo” muchacha ahogada)

mientras un testigo falso jura

que no son las algas

las que se enredan en mis pequeñas zapatillas

de bailarina idiota.



Cuesta tanto aprender a nombrar la sombra

(porque la sombra se disfraza de innombrable

y no te quiere entera,

no te quiere hembra,

te quiere muñeca de porcelana rota,

boquita fruncida,

vagina tapiada/ clausurada/ muda,

ojitos ciegos).



Cuesta tanto abrir una ventana

en la memoria,

abrir una ventana en la llaga,

abrir una ventana en el reclamo del cuerpo.




Ahora,

las ventanas se cierran.

El pájaro se ha vuelto jaula.

No hay un papá que ablande los recuerdos

y mi infancia corre

peligro de ausencia.




Ahora,

hay que pensar en abrir otras ventanas,

emplumar otros pájaros,

arrastrar la herida hacia otro hospital de campaña.




Pero no sé. No sé.



No puedo.







Obra Pictórica: Mercedes García Bravo

http://mercedesgarciabravo.blogspot.com/




LA AMIGA MUERTA




LA AMIGA MUERTA



A Rufina Cambacérès




Ella (la que calla)

pretende anular

con vapores insanos,

con arañas que esplenden

incinerando la lividez del sueño,

la fecha fatal,

el veredicto inconmovible del sepulcro.

Pero la muerte no se deshace

y es en vano

confinar pájaros en botellas frías

y arrojarlos al mar de bocas

que improvisan su nombre

para que no canten

los que cantan el silencio.




Yo (la que grita)

apuesto mi poema a su palidez perpetua.

Desde el mármol que le lava

los pies

a la mañana,

desde el banco-balcón que resume

un sigilo de gatos,

la veo girar sobre sus restos.

No sé si es humo, niebla

o afiebrada nostalgia.




A veces pienso que es raro

tener una amiga muerta,

alimentar un gato que no es mío

y haber adoptado estas baldosas grises

y estos ángeles mansos

después de deshacerme del deseo

-del beso que se hamacó

en el banco-balcón

a la sombra de un cadáver que jamás

hacía preguntas-.





A veces pienso que es falso

que la que calla y la que grita

no sean

una misma y única mujer

dormida/ despierta.








RUFINA CAMBACÉRÈS: Murió el 31 de mayo de 1902, día que cumplía 19 años, presuntamente enterrada viva bajo un ataque de catalepsia. Su madre decidió construir, vecino a la bóveda familiar, el sepulcro para su hija. De ello resultó un importante monumento Art Noveau con una estilización de líneas curvas y profusión de tallos, hojas y flores. Es obra del alemán Richard Aigner, que representó a Rufina de pie, frente a la puerta, tomando el pomo como para abrirla.
Esta representación artística y las circunstancias de la sorpresiva muerte de la muchacha, alimentaron diferentes leyendas en la sociedad porteña de la época, que continúan vigentes en la actualidad.








Fotografías 1, 2 y 3: Bóveda de Rufina Cambacérès, Cementerio de Recoleta, Buenos Aires

REENCUENTRO



REENCUENTRO




Alguien me avisó

(me dijo)

que los atajos perduraban, ilesos,

y los árboles resistían

con la memoria justa

de la savia

invariablemente alerta.




Ensarté

(hilvané)

algunas palabras

en el brocal de mi piel

-cantadas-

y me detuve

a rehacer la risa

-la risa que puede ser flor

o martillo,

epifanía o lámpara votiva-.

Para saber que podía.

Para saber que las buenas rachas

empiezan,

siempre,

aunque sea de noche

y afuera llueva tanto.




Viví

(alguna vez)

vadeando el pantano del otoño,

encastrada

en las ancas de un animal tibio

que renegaba

de los pequeños papeles perdidos

-los que anotan/ denotan

las coordenadas de ese cuerpo -.




Viví

(alguna vez)

al pie de la inocencia

-vestida de blanco

y desatando

los nudos de las bocas de unos pocos amantes-.




Vuelvo

(alguna vez)

si puedo.



HAPPY CHRISTMAS



HAPPY CHRISTMAS


“Ev'rybody had a hard year.
Ev'rybody had a good time.
Ev'rybody had a wet dream.
Ev'rybody saw the sunshine.
Oh, yeah. Oh, yeah. Oh, yeah.
Ev'rybody had a good year.
Ev'rybody let their hair down.
Ev'rybody pulled their socks up.
Ev'rybody put their foot down.
Oh, yeah. Oh, yeah. Oh, yeah.”
Lennon – McCartney, “I've got a feeling”*




Entonces,

de repente,

y sin saber cómo aconteció

semejante calamidad,

estás debajo/ sobre

una pila foránea de hojas de muérdago

tratando de conciliar un verano abrasador

con la idílica postal nevada

que te vendieron los que venden

ilusiones “made in USA”.

Tuviste un año bueno,

tuviste un año malo,

tuviste más años de los que jamás hubieras querido tener

y sos tu madre en el retrato

de la mesa servida,

saciando un ejército de bocas

que jamás dijeron

lo que querías escuchar.

Tuviste tus sueños húmedos,

pero ahora sos tu madre

y el sexo apretado se desperdicia

debajo de tu vestido nuevo.

Se acortaron los sueños

y se alargaron las polleras.




Alguien pide más vitel toné

y vos te preguntás

si de verdad brilló el sol alguna vez,

mientras la noche festiva/ fétida

te cuelga una máscara insulsa

que quizás disuelva la quinta copa de champagne.

O quizás no.

Deberías haberte dejado el pelo largo,

la vida larga,

para seguir siendo la hija de tu madre

y no ser ella

dormida/ despierta

sobre las ruinas del mantel.




En tu puta vida viste un reno

y puede que no lo veas nunca.

No creés en Dios

ni en los viejitos barbados que no fuman

y no extienden la mano

reclamando la limosna del recuerdo.

Pero la ceremonia se repite

diciembre a diciembre,

porque sos tu madre,

tan buena como ella,

tan sola como ella,

con los pies enredados en las guirnaldas

de un estúpido árbol que enciende/ apaga

sus luciérnagas famélicas

“made in Taiwan”

(porque todo es “made in otro lugar”

en este lugar donde estás/ no estás

y en esta hora de rituales baldíos).




El año que viene, no.

El año que viene va a ser distinto.



El año que viene vas a arrastrar tu osamenta

hasta una playa minúscula

donde nadie te quiera vender

el invierno y la alegría.

Y vas a ser vos, mientras tu madre

vegeta en los cajones de la memoria.

Y si se trata de vivir, vas a vivir.

Y si se trata de morir, vas a morir.

Tu propia vida, tu propia muerte.

Lejos del vitel toné y los manteles tribales.

Estrenando colmillos,

estrenado latidos.

Y sin números rojos que delaten

que alguien

-vos, él, ella-

todavía te está debiendo algo.






* “Todo el mundo tuvo un año duro.
Todo el mundo la pasó bien.
Todo el mundo tuvo un sueño húmedo.
Todo el mundo vio el brillo del sol.
Oh, sí. Oh, sí. Oh, sí.
Todo el mundo tuvo un buen año.
Todo el mundo se dejó el pelo largo.
Todo el mundo hizo un esfuerzo.
Todo el mundo se puso firme.
Oh, sí. Oh, sí. Oh, sí.”
Lennon – McCartney , “Tengo un sentimiento”



Obra Pictórica: Nina García

ESPEJO, PORTAL





ESPEJO, PORTAL




Tu carne es un espejo.

Y es un portal, como todos los espejos.

En la lucidez rolliza de tu lengua

veo mi sed,

veo el nudo que amarra el olor a Dios

para que el beso huela a paraíso.

Cruzo tu boca

-portal, puerta, pórtico-

y me destiño en tu saliva

hasta alcanzar la transparencia que me aleja

de las leyes terrenas.




Verme en tu carne es asomarme

a las ventanas del cuerpo

-en el vidrio que templan tus silencios

resbalo como una rosa

con sus sandalias gastadas-.

Cruzar tu carne es salir de mí,

del espiral donde mi piel nunca empieza

y nunca concluye.




Espejo, portal,

en tu carne

jamás se divorcian los amantes.




Amor cotidiano,

habitual,

edificio de pechos afables,

enorme,

inagotable,

sobreviviente

en un país de llanto devorado.




La magia persevera

en las manos recíprocas,

en las almohadas jamás oxidadas

que se abrazan en la noche,

en el látigo endulzado de mis piernas.












CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO



CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO




Se cansó de los baldes

con agua sucia

y de las escobas

sin licencia para volar.

Se cansó de que los ángeles

nunca se dieran una vueltita

por el mercado

y de los tres niñitos rubios

que se cuelgan de sus polleras.

Se cansó de administrar el templo

donde su tiempo y su poesía

se venden por tres monedas escuálidas.

Se cansó de la postergación de la primavera:

bien entrado noviembre

en la geometría agónica de su cama

sigue nevando.

Él le reprocha, a veces,

su monotemático olor a tabaco.

Ella no duerme.




Se cansó.




No quiere jabón en polvo,

ni bicicletas,

ni recetas de tartas indigestas,

ni arbolitos navideños.

Y eso es lo que le dan.




Apoya el cañón en su sien.

Cuenta hasta diez.

La totalidad del cuerpo

se estremece.




Una mosca la distrae.




Al salir, ni siquiera cierra la puerta.




Eso sí:

deja la mesa tendida

y un pollo cocido en el horno.







Obra Pictórica: Oscar Alejandro Casavalle

http://casavalle-oscar.artelista.com/

UNA MUJER QUE ESCRIBE




UNA MUJER QUE ESCRIBE


A Anne Sexton

“Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.”
Anne Sexton




Una mujer que escribe

encharca sus pies

en un pantano de whisky que le empapa

el ruedo de las palabras

(el encaje apolillado de la a, la e y la i;

el desconsuelo amarillo del abecedario).

Una mujer que escribe

cuenta las píldoras

como si fueran estrellas

y gasta su lengua en fútiles presagios

que no presagian nada.

Una mujer que escribe

no puede medir los restos.




Esa mujer sos vos, querida.




Una mujer que escribe

es feliz

cuando su útero canta como una colegiala

(arroz con leche,

yo no me quiero casar

porque limpiarle el culo a los bebés me enferma,

y el amor decanta en una infección,

y el sexo se aproxima

a un trámite más o menos engorroso).

Una mujer que escribe se muere

y no se calcula cortada y cosida como un vestido barato,

con las partes íntimas mal ordenadas

debajo de un zurcido desprolijo

(¿Cuánto pesa tu cerebro?

¿Cuánto pesa tu maravilloso cerebro?

¿Cuánto pesa un poema?).




Una mujer que escribe

se juega los pulmones

en una partida de ajedrez

que no va a ganar nunca.




Esa mujer sos vos, querida.




Una mujer que escribe

es un defecto

que no concibe planes de salvación.




Esa mujer sos vos, querida.



O soy yo.




Quién sabe.











Anne Sexton: Seudónimo de Anne Gray Harvey, poeta norteamericana nacida en Newton (Massachussets). Estudió en el Garland Junior College y vivió casi toda su vida en Boston. Casada a los 19 años y, después de haber nacido su primera hija en 1953, ingresó en un hospital psiquiátrico para reponerse de un intento de suicidio. Fue su médico quien la apoyó para que desarrollara el interés en la poesía que había mostrado en la escuela secundaria. Condujo su carrera inmersa en un contexto de desórdenes mentales que eludieron cualquier diagnóstico, pasando por repetidas hospitalizaciones en clínicas mentales. En 1957 conoció a la también poeta Silvia Plath, y a partir de entonces sus vidas se unieron en una relación que lindaba la identificación mutua y la rivalidad poética. Su primer libro de poesía "To Bedlam and Part Way Back" (1960), es una narración de su colapso mental. A éste siguieron "All My Pretty Ones" (1962), "Live or Die" (Premio Pulitzer, 1966), "Transformations", extraña recreación de 17 cuentos de hadas de los hermanos Grimm; "Love Poems", "The Book Of Folly", "The Death Notebooks" (1974), "The Awful Rowing Toward God" (1975) y "Words for Dr. Y.", éste último póstumo. Sus poemas, editados en Harper's, The Newyorker y Partisan Review, de Nueva York, entre otras publicaciones, acusan una influencia de Robert Lowell. En 1963 recibió el American Academy Of Arts and Letters Award y en 1967 los premios Shelley y Pulitzer. Fue profesora en la Universidad de Boston y en la de Colgate y, en 1968, fue distinguida por la Universidad de Harvard por la totalidad de su obra. Considerada “poeta confesional”, junto a Silvia Plath, Robert Lowell y W.D. Snodgrass, ofreció en su poesía una mirada íntima de su angustia emocional. Hizo de la experiencia de ser mujer un tópico central y a pesar de soportar críticas por hablar de temas como la menstruación, el aborto, el incesto, la homosexualidad y la adicción a las drogas, es evidente que su talento como poeta trascendió cualquier controversia. Se suicidó en 1974 inhalando el monóxido de carbono de su coche, quedando para siempre como una de las voces más importantes de la poesía norteamericana de este siglo.



Fotografías: Anne Sexton

ERIK


ERIK


“The Phantom of the Opera is there. Inside my mind.”




Reposo mi cabeza en su hombro

cuando llega, amputando la vigilia,

porque él vive como si soñara

y me recibe

como una revelación, como una ráfaga,

como la dócil limosna

que se extiende,

en el verbo sombrío.



Yo vivo como si soñara.

Matando y huyendo.

Traspaso las generaciones que gravitan

con sus cadáveres ajados

sobre el ignoto retablo de mi sangre

en busca de un hombre que honre la armonía.

¿Cómo ser digna del Ángel,

de su garganta, que no se resigna?



Yo vivo como si soñara.

El silencio me fatiga.

La idéntica niebla que me ciega

se hospeda en los espejos.

El amor es para unos pocos,

pero su voz

me dice que será para siempre.



Yo me siento feliz entre los muertos.

Y también uso una máscara.





Fotografías: Gerard Butler, Emmy Rossum/ "The Phantom of the Opera" (2004) - Joel Schumacher

NO SÉ




NO SÉ



No sé qué hacer con este hombre

que tengo entre ceja y ceja,

montado en mi nariz

como un par de anteojos ociosos.



No sé qué hacer con este hombre

que me persigue en sueños

y me encierra

en un laberinto de párpados lacrados

a merced de su maldad taurina

y me presagia,

desde el fermento de sus tripas,

como un pedazo de carne cruda.



No sé qué hacer con este hombre

más que darle la espalda cuando me desnudo

-en sueños, siempre en sueños-

desandando

el origen tremendo del toro

con una apatía fingida,

sin poder asirme

al extremo

de ningún cordón esplendente.



No sé qué hacer con este hombre

que me llueve entre las piernas

cuando yo no tengo ni paraguas

ni soles para remendar la tormenta.



No sé.

No sé que hacer con este hombre

que no llora

y no se arrepiente.





Obra Pictórica: Gerardo Patricio Saavedra Constanzo

http://gera.aretelista-com.artelista.com/

DIEGO


DIEGO



"Mermelada ayer, mermelada mañana... pero nunca mermelada hoy." - Lewis Carroll, "Alicia a través del espejo"




Entonces el habló,

con una voz intensa,

como la de todos mis muertos,

y dijo:

“No me recuerdes,

ni siquiera,

cuando el viento mude

los médanos indecisos de la playa que no fue

y las dentelladas de tus pinceles

desgarren las encías de los ángeles.

No me bebas,

no me apremies,

y no te acuestes nunca

del lado de la nostalgia.”




Entonces llovía

y yo apretaba una pequeña cruz plateada,

y sonreía al despedirme

de mi destino de reina.

Porque nadie había contaminado los espejos

-ni siquiera yo-

y él era una lección que no comprendía

doliéndome

en los cuatro costados de mi sangre.




“No me recuerdes.

Aquello que no pude decirte

lo viste en mi mirada.

Y acá se acaba la historia.

Y acá empieza el silencio.”




Entonces recogí mis pequeños pies

y ese pelo

que nunca le conté que tenía

y me fui cantando bajito

una canción de “Los Beatles”

-Baby's in black and I'm feeling blue-

pero le dejé la cruz,

para que no me recuerde.




A veces miro hacia atrás

y huelo

su perfume de ladrón de pájaros.

A veces miro hacia delante

y ahí está

empuñando mis pinceles

-“tu pulsión es pintar, querida,

pero no te mueras

perpetuando grises inútiles”-.




Mermelada ayer

y mermelada mañana.

Pero nunca mermelada hoy,

porque hoy obedezco

y no me acuerdo de nada.







Obra Pictórica: Leonardo Herrera

http://leonardoherrera.artelista.com/


SIEMPRE POLILLA, NUNCA MARIPOSA


SIEMPRE POLILLA, NUNCA MARIPOSA




Te empeñaste en que quemara la saliva

del beso que nunca había dado

-el beso límite,

el beso “cruzo esta boca

y todos los testigos declaran en mi contra”,

el beso “ningún demonio

puede aspirar a la inocencia”-.




Pero yo fui más lejos, querido,

y quemé mis naves

en la llama

del cigarrillo atroz que apretabas entre tus dientes

la mañana del caos

-el caos de hocicos y pezuñas traducido

en las paredes acolchadas del grito

que no quisiste escuchar-.




No era el aleteo de mis pestañas

el que sonaba,

como una pequeña música

cuando la desnudez imponía

su estampa clarividente.

No era un capricho

adentrarme en la luz.

Yo volaba en círculos ebrios

y vos te encendías

frente a mi memoria hambrienta.




Preferí arder de una vez

y ser ceniza,

antes que regodearme en una belleza vacua;

preferí morir,

buscar el exterminio

antes que sentarme a la mesa anémica

de las buenas costumbres.




Siempre polilla,

nunca mariposa.




No quise flores para llorar la lápida

del aliento contenido.

Quise un fuego

que no valió la pena

y una vela que dibujó

en el corazón del verbo

que nunca fuimos posibles.





Ilustraciones: Nicoletta Ceccoli

www.nicolettaceccoli.com/

DIVIDIDA




DIVIDIDA




Dividida entre la memoria

y la supervivencia

escucho aún

como la noche suena

dentro de mí,

y escucho las espadas de la lluvia

amputándole las manos

al cielo que tuvimos.

Un cielo que no llegó a paraíso:

se quedó en el ramo de carne celeste

que arrojé una mañana

a un penoso simulacro de olvido,

con cierto cansancio.





Dividida entre el hambre

y las piernas clausuradas

grito “¡Fuego!”

y desayuno cenizas.





Quisiera colgarme de tu cuerpo,

como de una cornisa perversa,

y dejarme caer.

Que el látigo del horizonte

me cruce la espalda.

Que la sangre me lave las esperas.





No quiero dividir mis muertes.

Quiero que se multipliquen

hasta alcanzarte.





Dividida entre mujer y nada,

intento destrozarme

un poco más

el corazón

y repaso la ruta del gemido.





Dividida entre loba y perra,

pretendo morderte

y te lamo la mano.








Obra Pictórica: Pablo Picasso

BALADA DE LA QUE QUIERE SEGUIR SIENDO BELLA Y DURMIENTE





BALADA DE LA QUE QUIERE SEGUIR SIENDO BELLA Y DURMIENTE


“He's got the power/ She's got the need” – Alice Cooper





Yo miro el sueño

como si mirara la muerte:

con los ojos cerrados.




Yo miro las cosas

por costumbre.

Detrás de la reposada

nitidez de mis párpados

hay un sol oblicuo

que me quema las pestañas:

es el amor que me sacude

y me amenaza

con robarme mi porción de sueño/muerte

(esta deliciosa inercia:

ser y no ser,

nunca ser).




Yo miro a ese hombre

que se acerca

con una espada entre los labios

y sé que él tiene el poder

-yo tengo la necesidad,

pero no quiero abrir los ojos-.




Yo miro su boca

y presumo

que adherida al beso viene

una muerte sin sueño.

Sin sueños.





El vuelo suspendido de las moscas

retoma

su obligado trote de calor.

En la cresta irascible de mi sexo

se despereza

la mujer dormida.




Cierro las piernas,

con violencia.




No quiero sangrar.

No quiero sangrar.

No quiero sangrar.





Obra Pictórica: Frederic Leighton

E. A. P.





E. A. P.



“Quizás, del otro lado de la muerte,
siga erigiendo solitario y fuerte
espléndidas y atroces maravillas.”
Jorge Luis Borges




Los sueños que él no soñó.

Los sueños que yo no sueño.

No puedo alcanzarlo con palabras,

pero tengo a mano

un pequeño martillo

para golpear las sienes del insomnio,

hasta que la sangre escriba

el poema definitivo.




El beso lanzado

desde el abismo

para el sollozo viudo

que reniega de las palomas.

El mordisco dipsómano del miedo

para los que tenemos siempre

el viento en contra.




Cien moscas sucias desordenan

el zumbido

de su esqueleto borracho.

Ninguna de ellas vale

una sola de sus lágrimas.




Detrás de los dientes

el gusano empuja:

todos compramos la muerte en cuotas.




Pero los sapos de otro pozo

siempre pagamos de más.








Edgar Allan Poe (Boston, Estados Unidos, 19 de enero de 1809 – Baltimore, Estados Unidos, 7 de octubre de 1849) fue un escritor, poeta, crítico y periodista estadounidense, generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue uno de los primeros practicantes en su país. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Considerado el inventor del relato detectivesco, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción. Por otra parte, fue el primer escritor estadounidense que intentó hacer de la escritura su modus vivendi, lo que tuvo para él consecuencias desastrosas.
Fue bautizado como Edgar Poe en Boston, Massachusetts, y sus padres murieron cuando era niño. Fue recogido por un matrimonio adinerado de Richmond, Virginia, Frances y John Allan, aunque nunca fue adoptado oficialmente. Pasó un curso académico en la Universidad de Virginia y posteriormente se enroló, también por breve tiempo, en el ejército. Sus relaciones con los Allan se rompieron en esa época, debido a las continuas desavenencias con su padrastro, quien a menudo desoyó sus peticiones de ayuda y acabó desheredándolo. Su carrera literaria se inició con un libro de poemas, "Tamerlane and Other Poems" (1827).
Por motivos económicos, pronto dirigió sus esfuerzos a la prosa, escribiendo relatos y crítica literaria para algunos periódicos de la época; llegó a adquirir cierta notoriedad por su estilo cáustico y elegante. Debido a su trabajo, vivió en varias ciudades: Baltimore, Filadelfia y Nueva York. En Baltimore, en 1835, contrajo matrimonio con su prima Virginia Clemm, que contaba a la sazón 13 años de edad. En enero de 1845, publicó un poema que le haría célebre: "El cuervo". Su mujer murió de tuberculosis dos años más tarde. El gran sueño del escritor, editar su propio periódico (que iba a llamarse "The Stylus"), nunca se cumplió.
Murió el 7 de octubre de 1849, en la ciudad de Baltimore, cuando contaba apenas 40 años de edad. La causa exacta de su muerte nunca fue aclarada. Se atribuyó al alcohol, a una congestión cerebral,al cólera, a las drogas, a un fallo cardíaco, a la rabia y a la tuberculosis, entre otras causas. También se especuló con la posibilidad de un suicidio.


Ilustración:Edgar Allan Poe 3D


Fuente: the tell-talle heart

POEMA DE NO HALLOWEEN




POEMA DE NO HALLOWEEN


A mis hermanos





“Morir de verdad,

estar realmente muerto,

debe ser sublime”,

dice el monstruo desde la pantalla

de un viejo televisor en blanco y negro.

La nena no sabe

qué significa la palabra “sublime”.

Ella piensa que estar muerto

debe ser como estar solo,

pero con los ojos cerrados.



Teme que el monstruo

se acerque,

mientras duerme,

para enseñarle cómo es estar muerto,

cómo es estar realmente muerto.

Ella duerme con un cuchillo

debajo de su almohada.

Va a partir al monstruo en dos,

si aparece

(la nena no confía en los crucifijos;

estuvo toda una noche pidiéndole a ese hombrecito flaco

que cuelga de una cruz

que su papá no se muriera, y nada;

el hombrecito miró para otro lado,

hizo como que no la escuchaba,

se entretuvo en hacer milagros baratos:

que llueva, que no llueva,

que gane Boca,

que falte la maestra).



Esa noche –la nena recuerda,

siempre recuerda-

su hermanito se hizo pis en la cama

y su papá supo

-porque, seguro, tampoco lo sabía-

qué significaba la palabra “sublime”.



Cuando la nena empieza a sangrar,

el monstruo no parece tan malo.

Ella piensa, al conocer la trama

de la palabra ignorada

que, por ahí,

él tenía razón.



Después, pasan los años.

La nena crece (no crece)

y sigue sangrando

(un poco porque quiere la naturaleza,

otro poco porque quiere el mundo).



La hermanita le pregunta llorando

cuándo le va a tocar ser feliz.

El hermanito fuma demasiado

y siempre tiene los ojos rojos.



El monstruo la mira

con sus ojos inequívocos

cuando ella come en silencio

y repite para sí,

como una letanía,

la palabra “sublime”.



Y no es Halloween.









Ilustraciones: F. Javier Martínez Matos

http://fjm.artelista.com/

PERDÍ TU DIRECCIÓN




PERDÍ TU DIRECCIÓN




Perdí tu dirección.




La había anotado tu boca

descendiendo

como una arañita inquieta

desde mi nuca hasta mis muslos,

bosquejando cierta calle,

cierta esquina,

cierto jardín empapado de insectos fascinantes

y de rosas digestoras

del idioma del agua.




Pero la perdí.




Me acostumbré a vivir entre arañas

que no escriben con saliva

el santo y seña

de un amor que pasará a mi historia

por su mala conducta

(me morí de pena por los cuatro costados

cuando me quitaste

las ocho patas de tu beso).





Perdí tu dirección.




¿Qué hago ahora,

recién bañadita

y sin saber

a qué puerta

tengo que ir a golpear?





Ilustraciones: Nicoletta Ciccolli

http://www.nicolettaceccoli.com/





EL PEQUEÑO CUERVO GRAZNA




EL PEQUEÑO CUERVO GRAZNA


A Yoko Ono



“Un "sabueso de autógrafos" armado
con un disco de oro y una pistola,
se arrodilló ante John
y asesinó a Los Beatles.”
Allen Ginsberg






Así se fabrica el infierno.

Con un agujero.

Con cinco agujeros.

Con millones de agujeros.




Los caminos de la sangre no se ven,

pero se escapan

-y no fue el tiempo el que gastó la sangre:

fueron los agujeros,

esos ojos de nadie que parpadean

como potros cansados,

mientras la lengua del volcán se duerme

y ella grita,

parapetada,

debajo de una espesa cabellera de humo).




Así se fabrica el infierno.

Así se abre el portal del azufre.

Así se convierte a una mujer

en un corazón vacante,

en una vagina inútil.




Ella quería un hombre

después de la medianoche,

y le dieron un agujero,

cinco agujeros,

millones de agujeros.




Ella grita

-el pequeño cuervo grazna

y ya nadie le cuelga una burla

en su garganta incómoda-.

Y empieza a vivir con ese infierno

que le fabricó la pólvora

irritándole

la mirada oblicua.











Fotografías: John Lennon y Yoko Ono

ESE HOMBRE VIENE VOLANDO




ESE HOMBRE VIENE VOLANDO

"Listen to them, the children of the night. What music they make!"


A Bela Lugosi





Ese hombre viene volando.

Solo.



Ese hombre es una jauría.

Viene cargado de esperma negro.

Trae un ataúd partiéndole la boca.

Ese hombre es un objeto de la sombra.




Yo sé que moriría

por sus largos ojos.




Ese hombre viene volando.

Solo.



No es un hijo de Dios:

ningún hijo de Dios

pierde el combate

con la morfina y las alcantarillas.




Ese hombre es hijo de las llagas,

y de los hospitales.




Ese hombre me miente:

me dice que es eterno

y, sin embargo,

la muerte lo devora dulcemente

como a una cena fría.




Ese hombre viene volando.

Solo.

Heredó las habitaciones ásperas

que degüellan

la ternura de los corderos.




Ese hombre viene volando,

y yo no sé qué hacer con mi sangre.




Viene volando,

y yo lo espero,

para pasar la noche.





Ilustración: Ramiro Rossi

http://ramirorossi.blogspot.com/

THE BLACK DAHLIA




THE BLACK DAHLIA


A Elizabeth Short





Pasa media mujer

con una sonrisa al hombro.

Una sonrisa cortada a mano.



Pasa media mujer

por todos los espejos.

Y los ojos del morbo se solazan

en la carne entreabierta.



Pasa media mujer.




Bastó que el asesino cortara

para que la hipocresía de los que no la vieron llorar,

cuando era una mujer entera,

la ascendiera de puta a flor.









Elizabeth Short (29 de julio de 1924 - 15 de enero de 1947) fue una aspirante a actriz estadounidense, víctima de un horrible y muy publicitado asesinato. Short fue encontrada muerta el 15 de enero de 1947 en Leimert Park (Los Ángeles, California). La habían seccionado limpiamente por la cintura. La boca había sido cortada desde la comisura de los labios hasta las orejas y presentaba mutilaciones y signos de tortura en todo el cuerpo.
La conexión de Elisabeth con el mundo del cine fue tangencial: la historia de un sueño no realizado. Como muchas otras aspirantes a estrella, solía incursionar en la prostitución.
Su asesinato nunca fue resuelto. Fue apodada “La Dalia Negra” después de su muerte.









Ilustraciones: Marilyn Manson


www.marilynmanson.com/



LA ESTACIÓN


LA ESTACIÓN


"No todos saben cantar, / no todos saben ser manzana/ y caer a los pies de otro." - Serguéi Yesenin




Sucede que yo

me subí a un tren que no era el mío

y desemboqué en una estación extraña

donde tres o cuatro tipos muertos

me miraban de reojo,

mientras hundían sus bocas rotas

en la espesura del vino.



Sucede que yo

me acerqué a preguntarles

para qué lado quedaba el verano

y el más muerto de todos

-el más borracho-

me dijo que el verano no existía

y que más valía ahogarse en vino

que en lágrimas.



Sucede que yo

pedí disculpas torpemente

a esta siniestra rosa de los vientos

de carne vencida

-que, además, estaba en huelga-

y me senté en el andén

a esperar que el sol se diera por aludido,

de una vez por todas,

y dejara de llover.



Sucede que yo

terminé tan borracha

como esos tres o cuatro tipos muertos,

asustando a las muchachitas idiotas

que se suben a trenes equivocados

y corren detrás de hombres que nunca

-nunca, nunca, nunca-

saben cantar.



“El amor no existe, nena.

Y más vale ahogarse en vino

que en suspiros”,

suelo decirles con mi voz alcohólica

a las mujeres con vocación de manzana

que se arrojan a los pies de un macho atroz

y ahí se pudren,

como si nada.



Sé que las estoy condenando

a quedarse detenidas para siempre

en la estación de los desengañados.



Pero, la verdad,

me encanta lo que hago.








Obra Pictórica: Karen Medina "Yamsan"

http://acuarelasyamsan.blogspot.com/


CENICIENTA NO SABE


CENICIENTA NO SABE




Yo no sé

quién sujetó mi voz

con hilos de intemperie

y me dejó este camino de silencio

-una cinta polvorienta que repta

al canto de un abismo de flores de plástico

y culpas mal enjuagadas

con visitas incómodas y galletitas de limón-.




Yo no sé

quién destejió mi vestido de abejas

y le torció el pescuezo

a la húmeda golondrina

que volaba y comía entre mis piernas.

De repente, concluyó el verano

De repente, se rompió la aromática

unidad de las uvas

y las redes de la luna

dejaron de apacentar mis sueños.




Yo no sé si fui una princesa

o una reina

o una simple mendiga

a las puertas del verso.

Di dos o tres pasos de baile

y sequé algunas lágrimas,

pero la escuela de la vida me aplazó,

como a todo el mundo.




Yo no sé si me ahogué en la luz

y ya estoy muerta.

O si todavía vivo para contarlo.

Contar eso que no sé,

porque yo no sé,

yo no sé…





Yo no sé quién me corta las uñas

cuando crecen demasiado

y no sé como es dormirme en las riberas

de un cuerpo que no ladra de tristeza.




Y no sé,

te juro que no sé,

dónde dejé mi zapato.









Ilustraciones: Olga Esther

http://olgaesther.artelista.com/


EL VICIO ABSURDO




EL VICIO ABSURDO


A Virginia Woolf



"No son las catástrofes, los asesinatos, las muertes, las enfermedades las que nos envejecen y nos matan; es la manera como los demás miran y ríen y suben las escalinatas del bus." - Virginia Woolf





Hubieras podido contentarte

con fumar y fumar.

Tus manos tenían

la fisonomía irrevocable del tabaco:

eran palomas grises que medían

la estatura extendida del humo

cuando tus gestos llovían

sobre las palabras.




Fumar no es

un vicio tan absurdo.

Fumar te mata,

pero no tanto.

Fumar no duele.




Hubieras podido contentarte

con emperifollarte para asistir al Derby.

Apostar las voces que ascendían

dentro de tu cabeza

y perderlas.

Apostar los guijarros húmedos

que crecían

dentro de los bolsillos de tu abrigo gris

y perderlos.




Las patas de los caballos no son

un vicio tan absurdo.

Los caballos no calzan

los intransferibles zapatos de los locos.

Los caballos son guitarras

que manipula el viento.





Hubieras podido romper los espejos.

No bastó con cubrirlos.

Debajo de los paños que obstruían

sus pupilas de cristal,

el vicio absurdo seguía entretejiendo nidos sórdidos,

pariendo tempestuosas avecitas carniceras.




¿El vicio absurdo era la musa?

¿O fue la musa la que lo mantuvo a raya,

mientras le fue posible…?




Hubieras podido arrojar tus piedras al Ouse

y volver a tu casa temerosa de la guerra

con los pies secos y el corazón caliente.

Dormirte en un cuarto propio,

sonriéndole al cadáver

del ángel de la casa

y despertarte blasfemando.




Hubieras podido vivir, Virginia.




Pero no.

No hubieras podido.








Virginia Woolf: Nació en Londres el 25 de enero de 1882 en el seno de una familia culta y aristocrática. Su niñez fue bastante difícil, primero perdió a su madre, luego murió su hermana Stella, y durante todos esos años sufrió abusos sexuales por parte de sus hermanastros.
Cuando murió su padre, en 1905, antes de que Virginia cumpliera los 23 años, la joven escritora ya había tenido su primer intento de suicidio.
Sin embargo, siguió adelante y continuó su vida dentro del mundo de la literatura. Así fue parte del denominado "Grupo de Bloomsbury", el que era frecuentado por escritores como Edward Morgan Forster, el crítico Robert Fry y el economista John Maynard Keynes. Allí, en el "Grupo de Bloomsbury", Virginia conoció a su esposo, Leonard Woolf. Junto a él llevaron adelante la editorial Hogarth Press, encargada de editar a personajes tan importantes como Katherine Mansfield, T. S. Eliot o Sigmund Freud.
Para esa época, Virginia ya hacía tiempo que publicaba críticas literarias en diferente periódicos de Londres y habían ido apareciendo sus primeras novelas: "Viaje de ida" en 1915, y "Noche y día" en 1919.
"La señora Dalloway" en 1925 y "Al faro" en 1927, fueron obras ampliamente elogiadas, que le valieron el reconocimiento unánime de su maestría técnica y que la consagraron como escritora.
"Orlando" de 1928 es una peculiar novela sobre un personaje que vive cuatro siglos y cambia de sexo a lo largo del tiempo. El personajes está basado libremente en Vita Sackville-West, amiga y amante de Virginia.
Los siguientes años marcan una producción casi anual: "Una habitación propia" en 1929, "Las olas" en 1931, "Tres guineas" en 1938 y "Entre actos" en 1941.
Toda la vida de Virginia Woolf estuvo marcada por el trastorno psiquiátrico que padeció, enfermedad que hoy conocemos como Trastorno Bipolar y que sumía a la escritora en hondas depresiones y luego en períodos maníacos.Virginia llamaba a su depresión "el vicio absurdo".
En una de esas depresiones, Virginia Woolf fue hasta un río Ouse, llenó de piedras sus bolsillos y terminó con su vida ahogándose.
Dejó una carta para su hermana y otra para su querido esposo.


Ilustración: José Luis Cano


http://joseluiscano.blogia.com/

MAMÁ




MAMÁ




Fue una noche de verano,

hace algunos años.

Mis ojos se escurrieron

por una ventana inexplicable

-una de esas ventanas que elegimos

cuando nos toca elegir entre morir y no morir-

y la vi.

Una muchacha joven,

delgada,

con una cara clásicamente bella

-no tenía mis rasgos enérgicos,

mi nariz concluyente,

mi boca huracanada:

era suave como un pez azul,

acogedora como el idioma del agua-.




Llevaba puesto

un vestido barato

y su cuerpo estaba vivo

debajo de ese vestido.

Rotundamente vivo.




La reconocí enseguida.

Supe quién era,

supe qué hacía allí:

lo estaba esperando.

Él también estaba rotundamente vivo

el alguna parte

y sobre los dos

gravitaba un sueño.




Quise subirme a las palabras

y llamarla,

decirle quién era,

contarle todo lo que había pasado

en su vida

y en la mía,

extenderme

en la tierra fragante de sus brazos.




Pero me contuve.




Ninguna muchacha debería conocer,

de antemano,

el destino de sus lágrimas.







Obras Pictóricas:Nicoletta Tomas Caravia

http://www.nicoletta.info/

MI AMIGA SE FUE




MI AMIGA SE FUE



A Beatriz





Mi amiga se fue.

Se olvidó el bolso.

Se olvidó las llaves.

Se olvidó de dejar la mesa tendida

para que los cuatro puntos cardinales de su historia

comieran de la ausencia.




Mi amiga se fue

y se llevó lo cantado.

Cerró la puerta silenciosamente

y le dio la espalda a una madrugada estéril,

a un día que apenas comenzaba

y ya tenía una barba larga y desprolija,

y un café insípido enfriándose

en lamentables vasitos de plástico.





Mi amiga se fue

y, la verdad, no la culpo.

Soportó demasiado.

Soportó dejar de ser una mujer

y convertirse en un pájaro lisiado.

Soportó los arpones de humo en su garganta

y las salpicaduras de agua bendita

de algún bienintencionado que no sabía

que Dios está en otra cosa,

siempre está en otra cosa.





Mi amiga y yo fuimos

dos abejas que se tocaron en el aire del verano.

Nada más.

Pero sigo pensando

qué va a hacer esta mujer sin su bolso,

sin un cepillo para peinar su largo cabello rubio,

sin un lápiz.






Mi amiga se fue.

Ya desmantelaron su cama,

ya lavaron los harapos de ese cuerpecito triste,

que también dejó olvidados.

Se llevó lo cantado.

Se llevó todo lo que quedaba por cantar.





Se fue.

Mi amiga.

La que escribía poemas.








Obra Pictórica: Lori Early

http://www.loriearley.com/



TIPO PINTÓN, CON AUTO AZUL, QUE SE MUERE Y NO ME EXPLICA


TIPO PINTÓN, CON AUTO AZUL, QUE SE MUERE Y NO ME EXPLICA



A Alejandro





¿En qué pensabas cuando te colgaste

de la viga del techo de ese galpón roñoso

que no se merecía que estuvieras ahí,

con los ojos en blanco

y la lengua señalándote los tobillos rotos?



¿En qué pensabas, Ale?



Ni siquiera el tiempo transcurrido

(largo, ancho, enorme:

un tiempo que me plantó canas

y me picó algunas muelas)

borró esa pregunta que tengo atravesada en la garganta,

como un mal bocado.



¿En qué pensabas, Ale?



A los veinte años,

la muerte es una cachetada.

A los veinte años,

la muerte elegida por un tipo

que festejaba mis chistes

y me consolaba el lunes,

(los dos con los pies hundidos

en el primer café de la mañana)

porque mi sábado había sido una calamidad,

es un gancho de derecha demoledor

que te deja fuera de circulación

por un rato largo.



“La bebota”, me decías entre risas,

mientras yo repetía, haciéndome la tonta,

-aunque nunca fui rubia

ni tuve el culito de la Brodsky-:

“Soy fea, soy un bichito, nadie me quiere.”



¿Por qué se suicida la gente?

¿Por qué se suicidan los tipos altos y lindos,

que no llegan a los cuarenta,

y tienen un auto azul cero kilómetro,

y una perra que se llama Tina, en homenaje a la Turner?

(No puedo escuchar a esa negra

sin acordarme de vos.

No puedo.)



¿En qué pensabas, Ale?



Decímelo, por Dios.



No quiero creer que pensabas estas mismas cosas

que yo estoy pensando ahora.






Obra Pictórica: Fernando Botero

NEVERLAND




NEVERLAND



Había una vez un lugar.

Una tierra que vestía medias sin elásticos,

lápices sin punta,

tazas de leche denostadas

en nombre del buen gusto

(la leche volcada impunemente

delante de los ojos miopes de la abuela).




Allí, húmeda como un lirio

que se agita en el río,

deletreaba la magia su canto de sirena

Había colas verdes,

simples como un anillo,

y melenas rubias, infinitamente vulgares,

como las de las enamoradas de todos los poemas

-los malos poemas-.

También la noche tenía

una melena larga y desordenada,

y cantaba,

con un presunto sol arrinconando

sus párpados rotundos.




Había salvajes bucaneros,

y era bello abrazarse a sus aros redondos,

sus loros malintencionados

y sus pañuelos cruzados de lunares,

mientras caían las hojas

en otros países donde, irremediablemente,

se instalaba el otoño.

Los piratas tenían buen olor:

olor a ron, a tabaco, a maldad de mentira

-en el fondo eran buenos,

en el fondo

se parecían al abuelo que llegaba

con los bolsillos llenos de caramelos-.




Había indios, también, y otros niñitos

que renegaban de los almanaques.

Yo no quería rouge

ni zapatos de tacos altos,

y no quería sopa.

Y no quería muertes acopiadas

sobre una memoria que estaba de estreno.

Yo quería volar

el cielo de los cerezos.




Visité ese lugar miles de veces:

mis papeles estaban en orden

y nadie podía negarme la entrada.

Y el niño,

el más niño de todos,

se hamacaba en mi risa huérfana de dientes.




Pero un mal día, no me dejaron entrar.

Mi cuerpo fue tomando

el rumbo del polen y las redes,

y desordenó mis papeles.

Mi cuerpo me traicionó,

y esa fue la primera

de sus muchas traiciones.




Había una vez un lugar.

Y había una vez un cocodrilo,

con un reloj verdugo

escondido en el vientre,

que casi siempre me pisaba los talones.

Y un día me alcanzó,

sin que yo me diera cuenta,

y me obligó a calzarme unos zapatos incómodos

a sacarle punta a mis lápices,

y a usar unas medias que me avergüenzan,

la mayoría de las veces,

aunque no tengan agujeros.





EL LARGO SUEÑO





EL LARGO SUEÑO





Toda la noche estuve

bailando con tu sombra.

Mi poema respiraba,

en tu almohada,

solo,

y yo caía de hinojos,

fulminada

por la presencia feroz

de tu semilla armada.



Toda la noche estuve

usando tus cubiertos,

bebiendo de tu vaso,

saciándome

en la angostura del sueño.

Había pájaros arriba,

arañando el cielorraso

con sus trinos multitudinarios

y naranjas fragantes

rodando

al pie de una cama profunda.





Yo era una leona blanca

y tus manos

trajinaban mi piel.

Un idioma de olas

empapaba

la madeja de las lenguas atentas:

íbamos y veníamos

subyugados

por la fuerza gravitacional del beso.



Toda la noche estuve

numerando temblores.

Ninguno de los dos lloró,

¡y estuvimos tan cerca de los cuchillos!



Amaneció y vino la Muerte.

Una pequeña Muerte,

con su mujer a cuestas.




La mujer que se prepara un café anémico

y llama a una amiga por teléfono

sólo para decirle:

“¿Te acordás de ese tipo,

el de los ojos verdes…?”








Ilustraciones: Pedro Uhart

http://pedro-uhart.com/WebPagesES/

BLANCANIEVES Y EL PECADO ORIGINAL




BLANCANIEVES Y EL PECADO ORIGINAL




A mí,

como a todas las mujeres,

me delató un espejo.




Yo era la desordenadora:

la que soltaba pájaros en el bosque

cuando la extensión palpable del aullido

me mordía los talones,

la que lavaba su piel hecha de ritos

con la saliva espesa de la luna.




Creéme cuando te digo

que debajo de mi vestido de mi princesa

llevaba medias negras

y esperaba que la vida resbalara

por mis brazos desnudos,

hasta mojarme la sombra.




La Reina me encontró

moliendo trigo

en las cavidades del verano.

Me encontró detrás de la rosa

que había madrugado

en la antesala roja de mis sueños.




Hubo una pulpa erótica,

temible,

que refundó el veneno en mi garganta.

Y después, el silencio.




Creéme cuando te digo

que es urgente

que la sílabas del beso pespunteen

un poema en mi boca.




A mí,

como a todas las mujeres,

me mató una manzana.







Ilustración: Tom Bagshaw

PATCHWORK




PATCHWORK


“…porque la muerte siempre comprenderá al poeta…”
Charles Baudelaire.





I

Cansancio de astillas que desgarran el eco de la carne. Y nadie penetrando mis abismos.


II

El sordo alarido tatúa sus pulsiones en la huida.
Afuera, los dientes sonríen con la macabra simetría de una pálida fila de arañas.
Adentro, todo es demasiado confuso.



III

Más allá de la mentira del cuerpo, los muertos siguen llorando. El miembro fantasma todavía me perturba.
¿Hasta dónde duele la palabra dolor?



IV

Hay una ventana que se niega a complacerme y un pájaro lanzado contra la luz. Hay una historia a medio camino entre el jazmín y la lanza.
Y unas líneas de fiebre secándome los labios.


V

No se poda en octubre. No se le envían al cuerpo cartas furiosas intimándolo a que no eche chispas.
Te arranqué de raíz. Para que no vuelvas.


VI

Como si lloviera. Como si yo te lloviera adentro de la boca. La voz mojada por una piel que no se endureció de olvido.


VII

Acorralarte con mi aliento. Apedrearte con mis lágrimas. Plantar cipreses en los cuatro costados de tu ausencia.
Infinitas condenas para una cosa juzgada.


VIII

Soledad desolada. Redundantemente sola. Y ni siquiera estoy yo para acompañarme.


IX

Esa flor engarzada en la clavícula del poema.
Esa voz que no puede sacudirse el luto.
Esa muerte ajena.
Hoy son mías.


X

La primavera está rota. Apenas sobrevivo, como un remordimiento. Y nadie puede convencerme de que el sol vale la pena.






Obra Pictórica: Gustav Klimt

EL GATO SIN DUEÑO




EL GATO SIN DUEÑO


A Manuel




Me estudia,

desde su adolescencia apenas despuntada,

con la fría arrogancia

de los gatos sin dueño.

Tiene la mirada verde,

boscosa,

ataviada de animales pequeños

que se escurren entre las hojas

y unos brazos demasiado largos

que se mueven

sin permiso del viento,

como las aspas de un molino descompuesto.





No me alcanzan las manos

para abarcar el torbellino que lo habita.

No me alcanzan los pies

para seguir el loco itinerario

que le traza la sangre:

hay islas en las cuales

no puedo aventurarme,

con mi boca amansada,

mis libros deslomados por el sueño,

mis módicas certezas.





Algunas veces

-sólo algunas-

el gato sin dueño me adopta

y se acurruca a mis pies.

Hasta parece que puedo

tocarle la cabeza.





Pero no.

La ventana está abierta

y allá va,

mordiéndose los techos,

buscándose la vida en los umbrales,

lamiéndose, tan solo.





Sin volver la sonrisa,

ni siquiera una vez,

hacia la mujer que soy,

la confundida,

la que no sabe qué hacer

con el ovillo de lana roja

que tiene en la mano.






Ilustraciones: Chema Lera

http://gatoporlibre.blogspot.com/

http://chemalera.blogspot.com/



LA NOCHE MIL DOS


LA NOCHE MIL DOS




Querido mío, se acabaron los cuentos.

Ahora me toca callar

y desvestirme.

Desdoblar este sexo que guardé prolijamente

en el cajón de la fábula

y ajustarlo prolijamente entre mis piernas.

Colgarme un par de pechos sublevados

y desafilar mi lengua.

Se acabaron las alfombras mágicas

y los ifrits

embotellados junto a mi deseo.

Se acabaron los cuentos, te digo.

Se vino el silencio.





El silencio.

Acomodo la vajilla sobre la mesa

de la noche mil dos

y no necesito ni una sola palabra para decirte:

“A comer.

A comerme.”








Ilustraciones: Pedro Uhart

http://pedro-uhart.com/WebPagesES/





LAS ZAPATILLAS ROJAS


LAS ZAPATILLAS ROJAS



"Estoy en el centro/ de una ciudad muerta/ y me anudo las zapatillas rojas.../ No son mías./ Son de mi madre./ Y de su madre./ Transmitidas como una herencia,/ pero escondidas como cartas vergonzosas./ La casa y la calle que les corresponden/ están escondidas y todas las mujeres también/ están escondidas..." - Anne Sexton, "Las zapatillas rojas"





Ahora, vas a ser buenita.

Ahora te vas a poner estas zapatillas rojas

y vas a bailar al ritmo que te marquen los otros.

No,

las zapatillas que te hiciste vos no sirven:

no son lo suficientemente lindas

ni lo suficientemente elegantes.

Las costuras se ven desprolijas

-nunca aprendiste ni a coser ni a bordar:

no te encapriches en usar esas zapatillas hechas a mano;

no te encapriches en cantarle las cuarenta a mamá,

y a la abuela, y a la bis, y a la tatara,

y a todas las mujeres que te hicieron la sangre-.





Ahora vas a ser buenita.

Ahora vas a dejar a un lado tus poemas

y tus sueños de poner el mundo patas para arriba

y te vas a ocupar de sonreír

y de limpiar las telarañas del techo

-no importa que se acumulen telarañas en el alma:

las telarañas del alma no se ven;

si no se ven, no existen;

si no existen, no pueden joder a nadie;

ni siquiera a vos, chiquita-.





Hacé un esfuerzo por encajar

en este pueblo de calles desiertas

y señoras que querían ser cantantes de ópera

y se conformaron con plantar petunias

cuando llega la primavera.

Hacé un esfuerzo por sentar cabeza,

de una vez por todas.





Ahora, vas a ser buenita.

Ahora te vas a poner estas zapatillas rojas

y vas a bailar.





Y cuando llegues a la casa del verdugo

y te corte los pies,

te vas a acordar de todas ellas:

las ilustres tullidas de tu árbol genealógico.

Las que no querían bailar, pero bailaron.

Las que tampoco supieron cómo defender

sus zapatillas hechas a mano,

pobrecitas.







Ilustraciones: La Princesa Ilustradora

http://anaimartin.blogspot.com/


RAPUNZEL ARREPENTIDA





RAPUNZEL ARREPENTIDA



“Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire.” – Eduardo Galeano





Creo que he pasado años peinándome.




Creo que he pasado años desenredándome

una larga cabellera imaginaria,

dorada como las mentiras que uno dice

cuando está enamorado

o, quizás, negra

como el pubis de la bruja que nunca tuvo

que aparecer en este cuento

-la bruja que dividió sus piernas y te devoró,

mientras yo seguía susurrándole a mi peine

poemitas feroces,

como una idiota-.




Creo que ha pasado años ocultándome

detrás de una melena inexacta,

que caía dando tumbos sobre mi carne abierta,

una melena que se derretía

sobre la ciénaga dulce de mi almohada

y exhalaba mariposas obedientes

y alguna polilla a contramano del sueño.




Creo que he pasado años en esta maldita torre,

esperando, esperando.

Esperándote.





Creo que ya sé que necesito:

una tijera.








Ilustración: Tom Bagshaw

ONCE UPON A TIME... II





ONCE UPON A TIME... II



I - RUMPELSTINSKI

Cualquier desgarro justifica un poema. Cualquier poema justifica un desgarro.
Cualquier desgarro-poema justifica que esté perdiendo el tiempo sentada frente a tu recuerdo, tratando de adivinar tu nombre.



II – BARBA AZUL

Una llave manchada de sangre, como un animal inesperado. La curiosidad es una flor enloquecida que mata al gato y le muerde la mano a la que vino a desordenar.



III – LA REINA DE LAS ABEJAS

He aquí lo difícil. Señalar la boca de la recién llegada al beso. Retener el zumbido.



IV - YORINDA Y YORINGUEL

Había una vez un príncipe que lloraba porque su amada se había convertido en pájaro. Había muchas otras veces señores que ni siquiera eran príncipes y lloraban porque sus amadas no cabían en sus jaulas.



V – PULGARCITO

Un golpe de viento en los talones del mediodía. Una mariposa muerta que no puede arrancarse la añoranza del último vuelo.
Qué pequeña, la Vida. Qué gigante abusiva, la Muerte, que nunca se mete con alguien de su tamaño.



VI – EL MAGO DE OZ

Caminos amarillos que me prometan ausentarme de mí. Amapolas imposibles para dormirme sin resbalar en mis lágrimas.



VII – BLANCANIEVES Y ROJAFLOR

Rosas rojas. Rosas blancas. Pedazos de carne que me arrancaron.



VIII – PINOCHO

El que canta y encanta, miente. El que aflora y desflora, miente. El que prueba y comprueba, miente.
Alguien pagará por tanta mentira. Alguien pagará por esta mesa mal tendida y por este plato que se come solo.



IX – HURLEBURLEBUTZ

Yo soy hija de un Rey. Yo no despiojo zorros.
Yo les disparo con el peso de todas mis muertes, para hacerlos irreales.



X – LA MUERTE MADRINA

La memoria del cuerpo no podía ser eterna. La otra, la memoria del alma, se cansó de hurgar entre las piernas de un hombre que siempre está de espaldas.
Una vela se apaga y yo no escribí el poema.





...and they lived happy forever...

...and ate partridges...

...OR NOT?







Obra Pictórica: Esau Andrade Valencia

http://esau-andrade.artelista.com/



¿Y AHORA QUÉ PASA, EH?



NO PASA NADA



“Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.” – Alejandra Pizarnik





¿Y ahora qué pasa, eh?





No pasa nada.

No pasa esto:

un estúpido chaparrón que no era necesario

y las flores del paraíso decapitadas en la vereda

-esa vereda que nunca barro,

porque los ojos de las vecinas son demasiados saltones

y me asustan;

son como termitas dispuestas a devorar la madera de este sueño

de ser y parecer un pájaro parado en la mitad de un verso,

un pájaro ajeno a los precios abusivos del almacén

y a la receta del cheesecake-.

No pasa esta distancia

entre la sed y el agua,

ni el miedo a que el mal paso de la costurerita

salga mañana en primera plana de todos los diarios

que se escriben

con la tinta subversiva de los secretos familiares

(la foto de la portada sería una mujer de piernas inesperadas

alimentando un conejo de ojos escarlata

y diciendo, convencida: “No barro. No barro. No barro.

Yo no barro.

Yo me tiro de cabeza en una madriguera deseducada

buscando un amor que no pasa. Nunca pasa.”)




¿Y ahora qué pasa, eh?





No pasa nada.

No pasa esto:

no pasa este día que no quiere

cerrar las puertas del cansancio,

ni la foto de la chica de lentes

-un insecto gigante con una sonrisa perversa

que nunca tuvo Gregorio Samsa-,

ni la muerta que muere de muerte común y corriente

-no muere de un vestido azul ni de un vestido rosa,

ni de un farol rojo partiendo en dos la noche:

muere como todos los que no son ni parecen pájaros,

prosaicamente,

sin un último batir de alas-.

No pasa este viento de octubre

que echó a volar mis cartas

(“Querido mío: espero que estés bien

cuando no recibas mis noticias

y que la chica de lentes no escriba poemas,

y que nunca tengas un gato;

a vos te veo paseando un perro,

los gatos tienen un no sé qué que no encaja

ni con vos ni con ella.

Los gatos no son tan simples.”)




¿Y ahora qué pasa, eh?





No pasa nada.

No pasa nada, repito.

No pasa esta inocencia que me invento.

No pasa una luna con gatillo

ajusticiando un mundo que,

de tanto ser mundo,

ya da asco.

(¡Qué lástima! Hubiera sido una buena muerte:

volarme los sesos con un disparo de luna

y hacer que esto cambie,

que todo cambie,

y que, de una vez por todas,

pase algo).








Obra Pictórica: Gerardo Javier Lázaro Ventura

http://lazaroventuragmailcom.artelista.com/


POEMA DE AUSENCIA





POEMA DE AUSENCIA


A Marcos, que hace un año me plantó la clase y todavía no vuelve




Me pregunto qué dirán los niños muertos.

esos pequeños fantasmas que devoran

padrenuestros de humo,

mientras las mamás lloran

y los papás fuman en silencio.

¿Hablarán, acaso, de otro Reino,

donde el hambre dejó de ser la bruja enconsertada

en el chillido glutinoso de las moscas?

Un reino donde el golpe nunca llega,

y no hay cabecitas calvas inclinándose sobre una ventana

dolida de cáncer,

y la sangre no se escapa como un ciervo

de ojos espantados.






Me pregunto que dirán las muchachas muertas,

esos vestidos marchitos remedando

una desviada primavera,

mientras las vecinas hacen conjeturas

y un novio, algo arrepentido, se mira las uñas sucias.

¿Contarán, acaso, de otras calles,

de otros márgenes donde edificar el beso?

Calles donde no existen las navajas,

ni los blisters de pastillas que apuran el olvido.

Ni siquiera las ruedas de un automóvil despechado

mordiendo la banquina del cuerpo.




¿Y los amores muertos?

¿Hablarán?

Los amores muertos no tienen clavadas en la nuca

cruces de cotillón

ni un tenue pantano de calas,

donde hundir sus pies jadeantes,

a la vuelta de la esquina

(“alcatraces” llaman los mexicanos a las calas

y me gusta ese nombre:

suena a zumbido de verano,

a Diego Rivera,

a clasecita humilde donde los años le dan batalla a la palabra

y la profe se ríe

porque los alumnos ganan premios

en un concurso donde ella fue ignorada olímpicamente).




Qué estúpida costumbre morirse.

Qué falta de respeto dejarme la clase plantada.

Estos alumnos míos parecen adolescentes,

aunque tengan más de setenta:

se van y no avisan.

Se van

y no escribieron el poema que les pedí,

ni leyeron el cuento de Poe.



Se van.



Y yo le paso lista a la ausencia,

a regañadientes.

Y siempre dice “presente”, la maldita.

Siempre dice “presente”.





Fotografía: Mi alumno, Marcos Orellano y yo

ESO ES LO QUE TENGO


ESO ES LO QUE TENGO



“eso es lo que tengo...
poemas
grandes muslos
pequeñas tetas y
muchísimo amor”
Ntozake Shange




Eso es lo que tengo.

Poemas.

Pequeñas tetas,

grandes muslos

y palabras.

Un cardumen soberbio de palabras

reverberando ostensiblemente,

escamas que fraccionan mi océano alfabético

hasta convertirlo en un grito

o un susurro.




Tengo lo que niego diciendo: “No me acuerdo”,

y la maldita manía de acordarme

de esos ojos deshilachados

secándose al sol

y del brazo que extendí

sobre un colchón vacío

buscando proteger a mi hombre

de una muerte que ya le había pisado los talones

(el despertador sonó como un disparo

cuando Ella lo levantó en vilo

en una ruta estúpida

y su cabeza se quebró contra el asfalto,

pero yo no había puesto el despertador

porque era domingo

y los domingos no debería morirse nadie).




Tengo una botella de vino

casi siempre vacía

y una fondue de chocolate apenas tibia

en la que hundo los dedos para después chupármelos

y chuparme las ganas de chuparte los tuyos

(esos dedos que sabían donde terminaban los poemas

y empezaba the real world,

aunque el mundo real no empezó nunca:

yo te soñé en mis ruinas circulares,

hombrecito fotografiado junto a la chica de lentes

que no se parece a mí,

y el fuego sabía que eras un fantasma).




Tengo una cita pendiente con un amor de la adolescencia

y un sombrero que Mickey Rourke no revoleó nunca.




Tengo una baraja

a la que le falta una carta

para estar completa

(al fin sucedió,

me volví un poco loca,

pero no me arrepiento:

había que lidiar con la vida

y esa fue la única manera que encontré

para tal menester).




También tengo la cama sin tender.

Y son las doce del mediodía.








Ilustración: Katherine Llanos A.

http://studioumbrella.blogspot.com/

CAERUCITA ROJA, CON LOBO Y SIN ABUELA




CAPERUCITA ROJA, CON LOBO Y SIN ABUELA




Salto desde mi capa roja

a la desnudez más perfecta.




El cuerpo avanza

abriéndose paso entre la humedad anticipada

de la lengua que sabrá lamerme mejor.

Un lentísimo olor verde

-el brutal olor de las ramas que se quiebran

bajo el peso de una espalda inadvertida

atenazada por el espasmo en ciernes-

dilata las fosas nasales

de la bestia que expectante.




En esta canastita llevo un sexo dulce

que comienza

donde esa bestia quiera:

en mi cintura nupcial encasquetada

en el color del bosque,

en mis ojos de presa predadora,

en los íntimos reclamos de los pequeños dedos

de estos pies que no cesan.

Un sexo interminable que agucé

con turbulentos pájaros azules;

un sexo goloso que me invento

para comerlo mejor.




(Desechemos esta vez a la abuelita:

la abuelita es una excusa,

un subterfugio más que prescindible).




Salto desde mi capa roja

a la desnudez más perfecta.

Y me dejo puesta esta carne que canta,

mientras avanzo

hacia encuentro del hombre que me espera.

El hombre que aúlla

y no sabrá que es lobo

si no llego.








Fotografía: Estela Sanchis

http://estelasanchis.artelista.com/