lunes 26 de mayo de 2008

UNA CARTA. UNA HISTORIA. UN AMOR.


Una carta. Una historia. Un amor.


Últimamente me ha dado por la revisión histórica de algunos hechos trascendentales de mi vida. ¿"Le démon du midi"? Puede ser. Pero también puede ser la necesidad de reconciliarme con mi pasado y el descubrir cómo he llegado a ser la mujer que soy hoy. La que se toma un té y sonríe cuando el mundo se va a la mierda y escribe poemas que, algunas veces, hasta la asustan a ella misma.
Hoy les dejo una carta. El autor (que no era poeta, era peluquero, y tenía las manos más hermosas del mundo) tenía 21 años y falleció en un accidente de tránsito cinco meses después de haberla escrito. Fue mi primer novio y el primer gran amor de mi vida. ¿"El gran amor de mi vida", como me sugirió una vez otro de los hombres que amé? No lo sé, lo único que sé es que, como a todos aquellos que tuvieron la fortuna y la desgracia de amarme, le hice conocer el cielo y el infierno. La verdad, y como diría Sabina, nunca fui la amante ideal.
También yo le cercené el pecho con un abrelatas a mucha gente que quise, pero en este caso no tuve la posibilidad de restañar las heridas que provoqué con mi inseguridad y mi egoismo. La Muerte decidió que la historia fuera otra.
Siempre -y a pesar de todo- fui una chica de suerte. La más linda del amor, la más desnuda del bosque, la más querida.
Dedico esta nueva "licencia no poética" a Víctor, por supuesto, siempre vivo en mi corazón que atrasa cuatrocientos años, y a Ana, que tiene la fortuna y la desgracia de estar enamorada de un poeta.





22-08-91
Raqui:
Este cuaderno lo había comprado para ir a Bariloche y escribirte acá, pero me lo olvidé y compré el otro allá.
Anoche me puse a escribir en la agenda y, como tantas veces cuando salíamos, me quedé dormido con la agenda en la cara.
Cuando me dijiste que te querías casar se me enfrió el alma, me super-emocioné, porque lo que más siempre soñé en la vida fue poderte ver crecer esa panza y estar en el momento en que tu cuerpo se abra y aparezca una cabecita toda manchada de tu amor y mi amor. Vos ponés en duda que me quiero casar porque mis caras no lo demuestran, pero no es así, y cada vez que lo pienso sueño, sueño y sueño. Porque por vos siento y respiro y no paro de pensar en todos los momentos buenos y hermosos.
Ahora vos no me vas a ver como el mismo tipo de antes del cual te sentías orgullosa, porque estuve mal y me creía que mi mundo era otro, pero no; cuando me pediste que cambie lo pensé, porque fue la primera vez que me hiciste sentir que yo no quería lastimarte y ahí me puse a tratar de ser el mismo tipo bueno y dulce para vos. Me tuve que comer el garrón y sufrir y pegarme la cabeza contra la pared, pero me salió bien y me alegro todo el día porque por vos me hice un bien a mí y me siento contento por estar sano y me siento inmensamente feliz de amarte tanto.
Lo que nunca te dije es que yo cuando empecé con todo eso pensaba de qué me había servido ser tan bueno y demostrarte tanto mi afecto si vos siempre dudabas de mí, entonces me hice mierda y también lloré, como vos, pero no se lo dije a nadie y me hice mierda, pero con el tiempo me hiciste dar cuenta de que cuando no me tuviste te diste cuenta de que mi vida giraba en torno a vos y fuiste lo único que siempre tuve en la cabeza.
Ahora me siento dolido y me la paso culpándome, pero me di cuenta de que el cambiar y el poderte decir "Te amo" me gratifica, y el recordar como me compuse también fue amarte, porque siempre lloraba con una foto o con un recuerdo o me golpeaba la cabeza o las manos, que sabés que es la parte de mi cuerpo que más cuido, y decía "la quiero".
Soñar con casarme y con hijitos vale más que todas las glorias del mundo. Siempre soñé con estar a tu lado, y acá me tenés, bueno, tierno y dulce. Si, como me decías y me escribías siempre, era lo que más querías un Víctor así, me tenés enteramente tuyo y de nadie más, dispuesto a dar todo mi corazón si lo querés y lo necesitás. Dispuesto a renunciar a mi alma solamente por todo el amor que me gritaste, sin querer enojarme más, sin querer lastimarte más, solamente amándote y desviviéndome por vos, para que me cuides como sólo vos sabés hacerlo.
Una vez, hace como un año, hablaba con un amigo que conozco de muy chiquito y quiero mucho. Por quererlo me animé a profanar nuestra historia y le conté todo lo nuestro, las alegrías, las caricias, los besos, las noches compartidas, nuestros veranos, el juego celeste con paragüitas, las rosas de los días 7, todo nuestro amor, los malos momentos, y, entre risas y llanto, él me dijo: "Víctor, del único lugar del que nunca vamos a poder volver es de la muerte, porque todavía no sabemos si hay un más allá, pero, mientras estemos acá, podemos demostrar todo el amor que tenemos adentro. Y si querés tanto a alguien, calmate y decíselo. Y si te pega tanto tener un hijo con esa persona, yo te voy a ayudar." Y sacó una billetera del bolsillo y me dio un dólar. Y me dijo: "Con esto van a empezar a juntar para una cuna y algo para abrigarlo. Lo único que te pido -dijo también- es que se amen como siempre para enseñarle a sus hijos que la vida con amor y paz es lo que más onda tiene".
Nunca me pude olvidar de esa noche y guardé el dólar en mi billetera para dártelo el día en que juntos soñemos otra vez en ser los más felices del mundo. El dólar te lo doy para que empecemos a cuidar lo que va a ser nuestro y para nuestros hijitos.
Ahora soy el mismo. Hacéme sentir que lo soy, que vale la pena ser así, que juntos podemos hacer abrir el universo y hacer una historia totalmente diferente a todas las demás.
Te amo.
Víctor


Todavía conservo el dólar. Y todo el amor. Y rescato las palabras, casi premonitorias, de Víctor:
"...del único lugar del que nunca vamos a poder volver es de la muerte...".
Así que si aman a alguien, vayan y díganselo.




domingo 25 de mayo de 2008

Alice in Nightmareland



Alice in Nightmareland


El último hombre que me amó

me cercenó el pecho

con un abrelatas

y escrutó mi corazón

como si fuera un reloj

de mecanismo defectuoso.

Lo untó con mantequilla tibia

y mermelada de arándanos,

lo ahogó con té

demasiado dulce

y después lo desechó

porque atrasaba cuatrocientos años.

Por eso todos los pasteles de mis no-cumpleaños

son de barro

y apago sus velas infinitas

con lágrimas obtusas

(he aquí la inconveniencia

de no llegar nunca tarde

a una merienda con extraños).

sábado 24 de mayo de 2008

DESCUIDO


DESCUIDO



Papá era un rolling stone

y mamá

era una hippie obesa

tumbada para siempre

en una enorme poltrona desconchada,

masticando bombones.



Los dos estaban muertos.



Yo rompí

cada espejo

que había en nuestra casa

e incrusté los fragmentos en sus ojos

para que al fin me vieran

como ellos jamás quisieron verme:

el fantasma rasgado

que no puede

apurar los puntos de sutura;

la suicida inconclusa que no sabe

hacer el nudo,

empuñar el arma,

y boquea sin gracia

con el pretexto del agua que le falta

y del vaso quebrado

fatigándole el cuello.

PREMIO BRILLANTE WEBLOG


PREMIO BRILLANTE WEBLOG


ARTE POÉTICA


Que el verso sea como una llave

Que abra mil puertas.

Una hoja cae; algo pasa volando;

Cuanto miren los ojos creado sea

Y el alma del oyente quede temblando.


Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

El adjetivo, cuando no da vida, mata.


Estamos en el ciclo de los nervios.

El músculo cuelga,

Como recuerdo, en los museos;

Más no por eso tenemos fuerza;

El vigor verdadero

Reside en la cabeza.


¡Por qué cantáis la rosa, oh Poetas!

Hacedla florecer en el poema;

Sólo para nosotros

Viven todas las cosas bajo el Sol.


El poeta es un pequeño Dios.


Vicente Huidobro


Esta vez recibo este bello premio de las cálidas manos de Agualuna

(http://pensamientosenelagua.blogspot.com/),

a quien agradezco profundamente su bello gesto de reconocimiento y amistad.

Las reglas para aceptar este premio son las siguientes:

1) Al recibir el PREMIO, se ha de escribir un post mostrándolo y se ha de citar el nombre del blog o web que te lo regala y enlazarlo al post de ese blog o web que te nombra ganador.

2) Elegir un mínimo de 7 blogs (pueden ser más) que creas que brillan por su temática y/o su diseño.
Escribir sus nombres y los enlaces a ellos. Avisarles de que han sido premiados con el PREMIO "BRILLANTE WEBLOG".

3) Opcional. Exhibir el PREMIO con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que tú escribes sobre él.

Mis premiados son:

*Devuelvo al mar las voces de tu nombre

http://sirenasinvoz.blogspot.com/


*Lirio

http://liriodelvalle.blogspot.com/


*Mi nombre tiene alas

http://mividacontigoysinti.blogspot.com/


*Invítame a vivir

http://invitameavivir.blogspot.com/


*El desván del poeta

http://eldesvandelpoeta.blogspot.com/


*Noche Roja

http://nocheroja.blogspot.com/

*La hija de la lágrima

http://otrahijadelalagrima.blogspot.com/



Muchos cariños a todos.











LA RUBIA TARADA


LA RUBIA TARADA


“La rubia tarada,
bronceada, aburrida,
me dice: ‘¿Por qué te pelaste?’…"
Luca Prodan


Yo era la morochita de pelo envidiable y bonitos rasgos árabes, pero quería ser la rubia tarada.

El despertador incrustaba en mi cerebro, cada día a las seis de la mañana, su aguijón de insecto bullanguero e inoportuno, y ahí va yo, con los pies todavía enredados en las sábanas, a desempeñar el devaluado rol de Cenicienta obrera.

La rubia tarada no trabajaba -a ella no le hacía falta-, tenía papá y mamá y un dormitorio color rosa chicle que hubiera hecho que Barbie se revolcara de envidia. No usaba ninguna pilcha que no fuera “de marca” y estaba bronceada todo el año. Alta y flaca, había obtenido el codiciado papel de “dama antigua” en todos los actos del 25 de Mayo. Yo siempre me había tenido que conformar con ser “la negrita” que vendía empanadas y pastelitos, víctima de esa distorsión histórica que padecemos en general las maestras argentinas: Sarmiento no faltó nunca al cole, San Martín cruzó los Andes en un caballo blanco como el del Llanero Solitario y las “damas antiguas” eran todas polacas.

La rubia tarada tenía una fila interminable de “pretendientes”, rubios y tarados como ella. Tenía las uñas siempre perfectas, porque no había nacido para lavar platos, ni limpiar vidrios, ni hacer ninguna de esas tareas fastidiosas que me agobiaban hace veinte años y, aún hoy, me siguen agobiando. Nunca había leído otra cosa que no fuera la etiqueta del jean de moda, pero iba tres veces por semana al gimnasio y cuidaba su cuerpo como si se tratara de una escultura de Rodin. Lechuguita, yogur, agua mineral, pero nada de chocolates, ni papas fritas, ni Tía María con crema.

La rubia tarada tenía un perro, obviamente un perro de raza (mis pichichos siempre dieron lástima), y vacacionaba todos los veranos. Y me miraba con un desprecio insultante, a pesar de que, en apariencia, teníamos una relación bastante cordial, y ella me confesaba, siempre con la naricita perfecta apuntando al cielo, que no pernoctaba en los hoteles alojamiento porque sus padres “no se lo permitían” y que jamás, jamás, jamás, se le ocurriría “juntarse” con las chicas de la verdulería.

Cuando hablo de “mis” pecados capitales, suelo citar la lujuria, la gula y la pereza, y me olvido de la envidia. Pero yo envidiaba a la rubia tarada. Ella era todo lo que yo no era y no llegaría a ser nunca.

Mientras yo trabajaba, estudiaba, cortaba cartulinas de colores y hacía rotafolios, educaba niñitos que se peleaban por ser el primero de la fila para entrar al aula dándome la mano, me enamoraba y me desenamoraba, cambiaba pañales y calentaba mamaderas, escribía poemas y me los creía, la rubia tarada seguía comiendo lechuga, tomando agua mineral, yendo al gimnasio tres veces por semana y bronceándose como si le hiciera un favor al sol. Y así fueron pasando los años.

La rubia tarada no tuvo hijos, para no arruinar su preciosa figura de top-model. Yo volví a la escuela con unos kilitos de más y un hijo irónicamente rubio, que jamás vendió velas ni encendió faroles los 25 de mayo, pero cada 20 de junio es, invariablemente, Manuel Belgrano. Hay cosas que no cambian nunca. Las maestras argentinas nos incluimos dentro de esas cosas.

Hace unos días me la encontré en la calle. Sigue alta, rubia y bronceada, y tiene el aire satisfecho de las féminas que nunca tuvieron un “tête à tête” con la balanza. Pero al verla, me acordé de la Bardot, y de su fabulosa sentencia de mujer hermosa y lúcida: “Las beldades bronceadas de hoy son las pasas arrugadas del mañana”.

Gracias, Brigitte.

jueves 22 de mayo de 2008

MALA PRAXIS


MALA PRAXIS



Ciertas veces me sugieren

o me gritan

que mis palabras cortan

como si fueran siniestros escalpelos.

Mi cuerpo

-lo confieso-

también corta y desgarra,

pero los hombres lo ignoran

hasta que suben a él

y se degüellan

con el filo vertical de mis rodillas.




Cuando se van de mí,

algunos piensan

que salieron ilesos

del quirófano de mis ensoñaciones.

No es verdad:

corté sus corazones en trocitos

y sangran de manera tan profusa

que sus prendas íntimas son siempre

horriblemente rojas

y rojas son las camas donde blanden

sus sueños cada noche,

y no aman a otras:

me desaman.




Unos vuelven, a veces,

a reclamar por tanto corte avieso.




Pero jamás les abro la puerta,

porque estoy ocupada

limpiándome la sangre de las manos

con un trapo que no perdona vidas

y llorando a los gritos

con los zombies

de otra película atroz de George Romero.




Por favor, no me molesten.

JARDINES DIVIDIDOS


JARDINES DIVIDIDOS


A Jim Morrison



"Están esperando para llevarnos dentro del jardín dividido. ¿Sabes cómo de pálida y lasciva, aterradora, viene la muerte en la desconocida hora?"
Jim Morrison



Hermano del unicornio y de la Muerte,

chamán y bestia sagrada,

girando con el viento ciego

en el desierto estrangulado de luz.

Tempestad de mariposas amarillas

transgredidas por el sol.

Irrepetible verano indio.

Lagarto desmadrado,

lagartija dorada

descalza en la arena.

Ángeles y marineros

profetizan en tu nombre.

Ángeles silentes,

querubines ciegos,

espíritus celestes travestidos.

Marineros borrachos.



Te veo girar, rumbeando con el fuego;

en mis ensueños siempre estás girando,

los brazos alzados al estúpido cielo,

un collar de cuentas profanas

como dientes caníbales.

Vacío, luz y arena.



Yo estaba allí, en el mítico desierto

antes de haberme parido en este mundo,

y te miraba girar hipnotizada,

chamán, bestia sagrada,

hermano del unicornio y de la Muerte,

lagarto, lagartija,

vomitando mariposas amarillas y arena.

Dionisio con sexo de racimo de uvas negras

eyaculando en la boca del poema.

Excesivo como la primavera.

Fuera de cauce como un río serpentario.

Perturbado perturbando sueños.

Calcinado calcinando almas.

Alucinando en un febril verano indio

con alas donde había hombros

y garras

para asir la tormenta.



Ese Otro Reino

es el mejor, sin dudas.

Quizás me una pronto

-si no llueven las rosas-

a tu insolente Fiesta con Amigos,

y toque la entrepierna de la Muerte,

y me ría,

con la risa voraz y decadente

del que se fue y volvió

y ya no espera nada.







martes 20 de mayo de 2008

DESNUDECES


DESNUDECES


“Probarse vidas ajenas como vestidos heredados.
Para no ver la propia desnudez”.
Alejandra Pizarnik



Sumergirme

en otras tibias matrices gestadoras,

mecer los ojos anchos

en el vaivén de otras olas fugitivas,

esculpir a dentelladas

otros corazones.

Probarme otras vidas,

otros sueños,

otras suertes,

para cubrir mi desnudez desamparada

que es la impúdica desnudez del poema

exhibiendo en su carne hambrienta de significados

el color absoluto del miedo.





1º Premio Poesía "6º Concurso Nacional en Poema y Narrativa de Azul"
Municipalidad de Azul, Buenos Aires (2006)
Jurado: Ricardo Rubio, Horacio Preler y Edith Barbosa Ehraije

TE ACORDÁS HERMANA? (LICENCIA NO POÉTICA PARA DECIR GRACIAS)


TE ACORDÁS, HERMANA?

A Rosana, mi hermana por elección

Te acordás, hermana, qué tiempos aquellos…? ( y no me vengan ahora con que plagié a Maria Elena Walsh, porque en todo caso ella plagió primero a Romero y Canaro…o nadie plagió a nadie, porque el tango es de todos).


Decía, entonces, te acordás hermana? Teníamos veinte abriles (siempre me resultó curioso eso de contar los años como “abriles”) y el himen de nuestros sueños estaba intacto. Nadie nos había perforado el corazón y los días con agujas de humo, ni nos había descuartizado las palabras. Es que nuestras palabras eran en ese entonces pájaros nuevos con ansias de vuelo, y no palomitas asustadas ofreciéndole cuello y corazón al
primer nigromante que nos insinuara que la vida podía ser distinta.


Me peinabas con tu ternura de pariente adoptiva para que yo saliera a devorarme el mundo con mi boca férvida de hembra recién estrenada. Y yo recompensaba tu solicitud contándote cada detalle de mis escarceos amorosos: es que yo era la audaz, la que saltaba sin red, y vos la chica correcta que sabía coser y bordar y no puteaba nunca.


Te acordás, hermana? Trabajábamos juntas en un supermercado de mala muerte (pero yo me sentía Eva vendiendo manzanas del pecado original) y en verano, cuando por fin había cerrado la maldita caja y me había sacado el guardapolvito celeste que me hacía ver casi como una alumna de Jardín de Infantes, nos sentábamos en la calle a comer bombones. Si la vida estaba en otra parte, no nos enterábamos: Rimbaud estaba lejos y nos gustaba mojarnos los pies en los mares de Alfonsina. Estábamos convencidas de que al final la Bestia, por muy bestia que fuera, se convertía en príncipe y nos relamíamos de antemano pensando en todas las felices perdices que nos íbamos a zampar cuando sonara la hora del colorín colorado.


Bailábamos “in the moonlight shadow” (vos bailabas, yo hacía el ridículo con mis sacudidas casi epilépticas de niñita rápida para pensar y lerda para moverse, pero ahí estaba otra vez Alfonsina para justificarme: “…inútil soy, pesada, torpe, lenta…”, yo no sé bailar pero escribo versos).


Te acordás, hermana? Llorar no costaba nada. No contábamos las lágrimas como Peter Ustinov en “Quo Vadis?” (“…una por ti, una por mí…”) Llorábamos a moco tendido y, lo mejor de todo, era que llorábamos juntas.


Qué tiempos aquellos. Hay dos cosas de las que estoy sumamente orgullosa en mi vida: de haber sabido conservar tu amistad a lo largo de los años y de ser la única cajera de supermercado a la que los clientes esperaban pacientemente y con una sonrisa en los labios mientras ella se pintaba las uñas. Eso sí era una hazaña.


Nunca fui la rubia Mireya, pero me siento vieja. Y estoy cansada.


Me pregunto qué hacés vos con tantas ojeras y tantas horas robadas al sueño para que a tu hija no le falte “el pan nuestro de cada día”, ese que no te da nadie si no te rompés el alma para conseguirlo… o si no vendés el alma al mejor postor, como una de esas preciosas muñequitas que se exhiben sin pudor en la zona roja de Ámsterdam.
Qué hacés con tanta risa que se quedó en el camino


Y me pregunto qué hago yo con tantos versos y tanta palabrería inútil, ahora que Belén Francese va a publicar un libro de “poesía” con “un mensaje para toda la humanidad”.


Mejor me corto las venas con una lluvia de corazones.


lunes 19 de mayo de 2008

DE AMORES MUERTOS Y MUJERES CON LOS OJOS ATADOS

DE AMORES MUERTOS Y MUJERES CON LOS OJOS ATADOS



Seguramente, a muchos de ustedes les sucedió alguna vez leer un poema y pensar, sentir, saber, que eran el protagonista de esos versos. A mí me sucedió esta mañana, leyendo un precioso poema que José Tadeo Tápanes Zerquera publicó en su blog "El viaje de Miss Soledad"

( http://josetadeotapaneszerquera.blogspot.com/ )

Este trabajo me afectó tanto, que le pedí permiso a Tadeo para publicarlo en mi blog. Y me tomé el atrevimiento de tratar de contar una pequeña historia a partir del poema (pido indulgencia a mis lectores: sigo haciendo catarsis y soy absolutamente amateur escribiendo prosa).

Estos son strange days. Es otoño en Buenos Aires y el termómetro marca casi 30 grados. Mi corazón anda dando vueltas fuera de mi cuerpo. Mi cuerpo se balancea enfermo de sonambulismo en una cornisa de humo. Y cada cosa que muerdo tiene el sabor de las lágrimas.

Pero pueden suspirar aliviados: mañana tengo terapia. Que me banque la psicóloga, que para eso le pago. Ustedes aguanten solamente un ratito más.

A UN AMOR MUERTO

Esa mujer amaba con los ojos atados,
así, como una tonta.
No lo sabía, pero en el fondo de su corazón, bien pequeñito anidaba un nombre,
y en sus ojos, la presencia azulada de alguna estrella.
Él la visitaba, quién sabe por qué motivos
y le hablaba de millones de sueños.
Había que verlo jugar en la cascada de su risa
y ella respiraba con placer su atmósfera.
Eran días al lado de la vida.
Hubo poemas, canciones y suspiros.
En esas horas de poco estudio ella lo amaba,
amaba sus flores que eran como el pan nuestro de cada día.
Ese hombre amaba con las manos atadas,
así, como un tonto,
y por más que luchó no tuvo puertas.
Un día de llovizna apareció en el aire el olor de los amores muertos.
Dejó de visitarla, quien sabe por qué motivos
y no hubo más flores, ni poesía, ni sueños, ni cascada.
Señores,
quiero pedir un minuto de silencio
a favor de un amor que murió con los ojos atados,
con las manos atadas,
así, como un tonto.

José Tadeo Tápanes Zerquera




LA MUJER DE LOS OJOS ATADOS


Esa mujer amaba con los ojos atados, así, como una tonta.

Se los habían atado hace mucho tiempo, cuando todavía era una niñita de pan y manteca, de rodillas raspadas y de ositos de felpa batallando con braguitas de satén. Le habían atado también las manos, y la lengua, y las alas de mariposa de los labios de su vulva inquieta. Y así amaba ella, porque no sabía amar de otra forma. Amaba hecha un nudo tembloroso, un nudo de carne y hueso, y músculos, y tendones. Un nudo de trapo y fuego. Un nudo.

En el fondo de su corazón, bien pequeñito, anidaba un nombre, o quizás una palabra, que había perdido su significado de tanto repetirla en sus eternas noches de sofocos y celo mutilado, una palabra que nunca dejó de morderle el cuello y vomitarle en su rostro siempre prolijamente maquillado, su impronta de caminos diversos y futuros prodigiosamente diferentes. “Libertad”, era la palabra, y la mujer de los ojos atados se asustaba cuando esa palabra subversiva se bañaba en el río fecundo de sus lágrimas.

Él la visitaba algunas veces, y ella sabía cuáles eran los motivos de esas visitas: él quería desatarle los ojos, y la lengua, y los labios alados de su vulva-mariposa, y, como una dulce paradoja, la ataba con cuerdas reales para amarla, como si esas cuerdas reales pudieran exorcizar los nudos invisibles que la mantenían siempre detenida en la lluvia, siempre detenida en el recelo, siempre detenida en la culpa.

Él le hablaba de millones de sueños. “Andá probándote”, le decía a la mujer a la que no habían atado nunca con agua bendita y anillitos dorados, y le mostraba vestidos blancos como el esqueleto de la luna, y ella se probaba todos los vestidos, con los ojos atados, con el alma atada, pero se los probaba. Y se miraba en un espejo diáfano, que por primera vez no era de cenizas. Y sonreía.

Eran días al lado de la vida. Porque la vida era otra, la vida eran los nudos, y las redes asfixiantes, y esos días eran como un pequeño sidecar de ilusión enlazados a la motocicleta de tedio y rutina con la que ella se estrellaba todo el tiempo contra una realidad que le había quedado chica. ¿Cómo no iba a estrellarse, si tenía los ojos atados?

Hubo poemas, y canciones, y suspiros. Poemas que ella escribió, y canciones que crecieron hasta convertirse en el soundtrack de esta historia, y suspiros porque las esperas eran eternas, y era tan poco el tiempo que había para que él jugara en la cascada de su risa y ella respirara con placer su atmósfera (su olor salvaje a hombre urgente que le recordaba que sus instintos estaban heridos, que la habían domesticado demasiado pronto, que estaba matando todo aquello por lo que valía la pena vivir).

Ella lo amaba, y amaba sus flores, esas flores que le recordaban que estaba viva, que rompían las palabras congeladas en su boca para que esas palabras devinieran en flechas agudas que atravesaran el pérfido costado de ese depredador ávido que le mordía el alma: el miedo.

Ese hombre amaba con las manos atadas, así, como un tonto. No pudo amar de otra manera. Ella le contagió sus nudos y sus sigilos. Ella lo contaminó con sus celdas. Y él no tuvo puertas para escapar de un final anunciado, porque ella se había encargado de tapiar todas las puertas.

Un día de llovizna apareció en el aire el olor de los amores muertos. Llovizna adentro. Llovizna en los ojos, y en las bocas, y en las manos, y en las alas de la inquieta vulva-mariposa que no pudo desatarse y volar hasta incrustarse para siempre en el sexo bendito de ese hombre que amó con las manos atadas, y empaparse gozosa con el luminoso torrente de su semen.

“Señores,
quiero pedir un minuto de silencio
a favor de un amor que murió con los ojos atados,
con las manos atadas,
así, como un tonto.”

Señores, quiero pedir un minuto de silencio a favor de la que fui y de la que no me atreví a ser, de la que barrió el polvo de una vida rota debajo de la alfombra mágica con la que tendría que haber emprendido vuelo, de la que se desató los ojos, sí, pero lo hizo demasiado tarde.